jueves, 22 de mayo de 2008

Cara o Cruz.


Esta no es

precisamente la historia de una heroína; bueno, quizás una sin súper poderes, y claramente sin el afán de salvar a alguien más que a si misma. Mucho menos trata sobre un personaje moralmente excepcional. De hecho me atrevería a decir que todo lo contrario.

Se trata de una faceta desconocida dentro de mí, de ti, de él, ellos; en fin, de todos. O quizás me equivoco al decir esto. Quizás nadie se siente en lo mas mínimo identificado con la cascada de emociones que esta "heroína"- que en todo caso es mas parecida a la droga que a una supermujer- demuestra de una forma bastante inhumana. Pero si nos enfocamos en ese tema ¿quien es completamente humano, o empático? No es que se sea un crimen el no demostrar ciertas emociones. En el caso de Zuss era un arma de supervivencia; de otra forma toda la cadena de eventos desafortunados hubiera terminado con matarla, de alguna u otra forma. Su carácter solitario, reservado, inexpresivo; y todas aquellas definiciones que la pudieran hacer un ser autónomo sentimentalmente, y que la convertirían sin remedio ni previo aviso en un ser emocionalmente frígido. La dotaba de una imagen despreciable, en resumen un ser humano con el que a nadie le gustaría transar o siquiera confiar en ella. Era totalmente impredecible.

Este relato se sitúa en el cuarto de un departamento central. En un barrio bastante decadente y peligroso. Conocido por las pandillas, el trafico, la prostitución y los excesos. La escena, en el interior del departamento, es bastante deplorable y patética. En el suelo y con la espalda apoyada en una cama desecha, que claramente no había sido hecha ya hace mucho; un hombre con unos 29 años cronológicos, que no se seguirían sumando, puesto que acaba de cometer suicidio. Las murallas, antes sucias por la corrosión del tiempo, ahora estarían decoradas con rojas e intensas manchas de sangre y materia gris. Aún tibia, aún húmeda.

Entra en aquel desastre Cintia Santos, el nombre realmente no es compatible con su personalidad, por lo que se hace llamar Zuss. Como sea, Zuss no se muestra muy perturbada por lo que está presenciando, como si se tratara de un hecho cotidiano. Y de hecho lo era. Por su naturaleza, por el lugar en donde creció, por las circunstancias. Es evidente que no era la primera vez que se encontraba frente a un cadáver. Aquí ella inicia una suerte de monologo, por el estado de su receptor.

-Mierda, Jaime. No pensé sinceramente que esto fuera a suceder tan pronto. Estoy parada en el desastre que dejas atrás ¿creíste que te librarías de todo esto sin más? Supongo que sabias que en poco tiempo te encontrarían…

¿Que se supone que deba decir? Siempre pensé que eras un estúpido sin suerte, o un miserable sin talento para los negocios. Ahora puedo constatar que eras un poco de ambos. Leí tu mensaje de texto. Siento no haber llegado en el momento, tu sabes que siempre me tomo mi tiempo. Y bueno ¿que querías? ¿Que te sostuviera el arma?

Zuss hace una pausa, e inspecciona el cuarto una vez más. A lo lejos divisa dos trozos de papal salpicado con unas pequeñas gotas de sangre, uno escrito con su nombre y el otro con una caligrafía bastante temblorosa, pero no logra leer más que una letra; la “A”. No se da el tiempo de ir a leer quien era el destinatario de dicho documento.

El departamento, de un ambiente, deja en evidencia el estilo de vida de aquel ex servivo, y ahora trozo de materia orgánica a merced de los gusanos. La no muy común protagonista de este fragmento de historia. Observa la escena con una calma que solo un psicópata adicto a las escenas sangrientas de una mala película de gore, o un asesino logra conservar. Pero Zuss no era ninguna de las dos. Lo que la dotaba de aquella pasividad de cierto modo siniestra, era su tempestuoso pasado, y la inexorable promesa de un futuro aun más corrosivo y lacerante. Si, su alma estaba irreversiblemente carcomida por garrapatas monocrómicas, de un destino marcado por la fatalidad, de malos viajes, amores ausentes y de un odio hacia su propia existencia que la dotaba de agallas para momentos como este. Un valor adquirido por su deseo de una muerte inminente, rápida y voraz. Y una costumbre al ambiente autodestructivo en el que vivió desde siempre.

-Prosigue con el monologo -

-¿Te molesta si la leo mas tarde? -toma la carta, solo para asegurarse que es su nombre el que está escrito en el sobre y la deposita nuevamente sobre la sucia mesa saturada de colillas de cigarrillos y papelillos de cocaína con restos de dicho producto químico, a un lado de la desecha cama- (...) Me comienzo a sentir estúpida hablándote -mientras habla se sienta a su lado. Parece no importarle embadurnarse con su sangre- Ni aun cuando estabas vivo mantuve una conversación tan larga contigo. Debe ser la nostalgia que me causa el saber que no tendré que volver a escuchar tu incesante y molesta voz. Al fin y al cabo ya era costumbre.
Debo aceptar que nunca te tomé muy enserio. Se que tu lo sabias. Y debo ser sincera, prefería una endoscopia anal que tener que escuchar tus versiones "filosóficas" -hace énfasis a las comillas con los dedos- de la vida, que de filosófico no tenían mas que algunas frases robadas a reales mentores. Ni modo, si hasta tu madre agradecía tu falta de preocupación por ella...
Considerando las circunstancias debo decir que hiciste muy buen trabajo al disparate en la cien. De otro modo habrían dejado tu ataúd abierto. Se que tu no lo hubieras deseado de esa forma. Pero claro por algo lo hiciste de este modo, que estupida. Por mi parte, debo decir que hubiera utilizado métodos más pasivos. Tú sabes, yo y mi visión “romántica” de la muerte, si así puede llamarse. -hace una muy breve pausa-
Supongo que debo llamar a las autoridades pertinentes. Que ironía. Tantos años guardando apariencias, siendo un buen "chico" ante aquellos tarados. Disfrazando tu vida y tus "negocios" truculentos, con los que te regodeabas, con los que intentabas asegurar tu vejez. Y que para tu mala suerte no te beneficiaban en nada. Ahora estas aquí, listo y dispuesto, como una cualquiera. Una puta que sabe que lo que hace es fácil y rápido. Que sabe que le van a pagar más de lo que vale.

¿Que harán tus drogadictos, inconcientes y dependientes clientes? Los únicos que te veneraron, por la ventajas del manejo de ilícitos claro, no porque realmente representaras algún tipo ejemplo como ser humano. Le hiciste la vida fácil a muchos, pero ni ellos ni nadie te habrían podido liberar de lo que se avecinaba. No habríamos podido liberarnos de la basura a la que estábamos concientemente sumidos. Admiraba, realmente, tu "positivismo" crónico. Aquella sonrisa fácil y dibujada en tu rostro, que muchas veces me exasperaba. Pero ahora entiendo que es eso justamente lo que te permitió vivir hasta estos instantes ¿te importa si fumo? -enciende un doblado cigarro que saca de una cajetilla de cigarrillos igualmente arrugada de sus ajustados pantalones-

Como iba diciendo... yo por mi parte soy una infeliz que demuestra su descontento ¿O es que logro disimilar esta expresión ya típica en mi rostro? Soy una excelente actriz, cuando la situación lo amerita. Aunque tengo la leve sospecha de que es por eso justamente que sigo soltera. O es solo que ningún estúpido mamón afeminado se atreve a demostrar "su amor" por mi -lanza una carcajada irónica, estrepitosa e inesperada, un poco siniestra. Algo muy habitual en ella-
Ni modo, la gente como nosotros tenemos una opción. Y tú ya haz cumplido con tu parte. Yo me tomare mi tiempo, aun creo que debo joder a uno que otro tarado. Las circunstancias así lo quisieron. Desde aquel afortunado momento en que mis padres, alcoholizados y quien sabe que mas fallecieron. Desde aquel instante en que recibí aquella oportuna llamada que me lo confirmaba, lo supe. Pero así seria desde siempre. Así es como muere la inocencia, así es como se suicido la mía. Como un regalito “divino” que se me tenía destinado en el momento en que fui concebida.

La escena tan patéticamente caótica como en un comienzo sigue sin mayores variaciones. Zuss sentada junto a su fallecido ex compañero de contrabando. Quien yace irremediablemente inmóvil con la espalda apoyada en el extremo de la siempre desecha cama de dos plazas y con los ojos fijos en el asqueroso cielo raso, descascarado por la humedad. Se pueden apreciar las heterogéneas capas de pintura anteriores siquiera a la llegada del desafortunado y casi tieso inquilino.

Un silencio casi perpetuo en aquel cuarto evidencia que zuss parece haber dicho todo. Eso claramente le quitaba un peso que ella no se hubiera molestado en cargar, pero que de igual forma consideró oportuno descargar.

«Supongo que este es el “adiós”. Sin embargo, ambos sabemos que aun hay suficiente infierno para ambos (…) y para la tropa de hijos de puta sin rumbo. Que deambulan esperando de que un golpe de suerte que les brinde el ausente sabor a victoria y aventura. Pero lo que no saben, y según lo que he sospechado mi vida entera, es que la única satisfacción que tendré en mi vida es haber muerto por causas naturales, que serán naturales por el tipo de “vida” que yo misma elegí, y con el karma que he de conllevar desde mi alumbramiento, hasta el día en que dure esta miseria. No lamento nada. Aunque debo aceptar que voy a extrañarte lo suficiente como para recordarte de ves en cuando (…) hoy fue tu día de suerte, pero no presumas, que aun no se ha hecho ni dicho todo, y no pretendo quedarme demasiado para ver el desenlace de una historia que no para todos es la misma.

“nunca dejes que te atrapen con vida” lo único sensato que has dicho, perdón, dijiste en tu vida… lo tendré en cuenta.»

Zuss apaga el cigarrillo, el quinto. En el charco de sangre junto a ella, casi fosforescente por la luz del foco que se asomaba por la venta. Aun permanecía sentada a su lado, como lo habrían hecho antes innumerables veces, fumando y tomando alguna bebida alcohólica de marca conocida. Abre un cajón, en donde sabe que Jaime guardaba el dinero de las fructíferas ventas producidas por las sustancias ilícitas. Toma el dinero. Hace un gesto con la mano de despedida, como si Jaime hubiera escuchado con una paciencia eterna aquel gélido discurso excelso de toda emotividad y empatía… se larga.